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Capítulo 1
Nacimiento de Samuel
1:1 Hubo un varón de Ramataim de Zofim, del monte de Efraín,
que se llamaba Elcana hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu,
hijo de Zuf, efrateo.
1:2 Y tenía él dos mujeres; el nombre de una era Ana,
y el de la otra, Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía.
1:3 Y todos los años aquel varón subía de su ciudad
para adorar y para ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos
en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes
de Jehová.
1:4 Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio,
daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno
su parte.
1:5 Pero a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana, aunque
Jehová no le había concedido tener hijos.
1:6 Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola,
porque Jehová no le había concedido tener hijos.
1:7 Así hacía cada año; cuando subía a
la casa de Jehová, la irritaba así; por lo cual Ana lloraba,
y no comía.
1:8 Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras?
¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido
tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?
1:9 Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido
en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla
junto a un pilar del templo de Jehová,
1:10 ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró
abundantemente.
1:11 E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos,
si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares
de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva
un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días
de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.
1:12 Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí
estaba observando la boca de ella.
1:13 Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían
sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria.
1:14 Entonces le dijo Elí: ¿Hasta cuándo estarás
ebria? Digiere tu vino.
1:15 Y Ana le respondió diciendo: No, señor mío;
yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra,
sino que he derramado mi alma delante de Jehová.
1:16 No tengas a tu sierva por una mujer impía; porque por la
magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora.
1:17 Elí respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel
te otorgue la petición que le has hecho.
1:18 Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se
fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste.
1:19 Y levantándose de mañana, adoraron delante de Jehová,
y volvieron y fueron a su casa en Ramá. Y Elcana se llegó
a Ana su mujer, y Jehová se acordó de ella.
1:20 Aconteció que al cumplirse el tiempo, después de
haber concebido Ana, dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo:
Por cuanto lo pedí a Jehová.
1:21 Después subió el varón Elcana con toda su
familia, para ofrecer a Jehová el sacrificio acostumbrado y su voto.
1:22 Pero Ana no subió, sino dijo a su marido: Yo no subiré
hasta que el niño sea destetado, para que lo lleve y sea presentado
delante de Jehová, y se quede allá para siempre.
1:23 Y Elcana su marido le respondió: Haz lo que bien te parezca;
quédate hasta que lo destetes; solamente que cumpla Jehová
su palabra. Y se quedó la mujer, y crió a su hijo hasta que
lo destetó.
1:24 Después que lo hubo destetado, lo llevó consigo,
con tres becerros, un efa
de harina, y una vasija de vino, y lo trajo a la casa de Jehová
en Silo; y el niño era pequeño.
1:25 Y matando el becerro, trajeron el niño a Elí.
1:26 Y ella dijo: ¡Oh, señor mío! Vive tu alma,
señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto
a ti orando a Jehová.
1:27 Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí.
1:28 Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los
días que viva, será de Jehová. Y adoró allí
a Jehová.
Capítulo 2
Cántico de Ana
2:1 Y Ana oró y dijo:
Mi corazón se regocija en Jehová,
Mi poder se exalta en Jehová;
Mi boca se ensanchó sobre mis enemigos,
Por cuanto me alegré en tu salvación.
2:2 No hay santo como Jehová;
Porque no hay ninguno fuera de ti,
Y no hay refugio como el Dios nuestro.
2:3 No multipliquéis palabras de grandeza y altanería;
Cesen las palabras arrogantes de vuestra boca;
Porque el Dios de todo saber es Jehová,
Y a él toca el pesar las acciones.
2:4 Los arcos de los fuertes fueron quebrados,
Y los débiles se ciñeron de poder.
2:5 Los saciados se alquilaron por pan,
Y los hambrientos dejaron de tener hambre;
Hasta la estéril ha dado a luz siete,
Y la que tenía muchos hijos languidece.
2:6 Jehová mata, y él da vida;
El hace descender al Seol, y hace subir.
2:7 Jehová empobrece, y él enriquece;
Abate, y enaltece.
2:8 El levanta del polvo al pobre,
Y del muladar exalta al menesteroso,
Para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de
honor.
Porque de Jehová son las columnas de la tierra,
Y él afirmó sobre ellas el mundo.
2:9 El guarda los pies de sus santos,
Mas los impíos perecen en tinieblas;
Porque nadie será fuerte por su propia fuerza.
2:10 Delante de Jehová serán quebrantados sus adversarios,
Y sobre ellos tronará desde los cielos;
Jehová juzgará los confines de la tierra,
Dará poder a su Rey,
Y exaltará el poderío de su Ungido.
2:11 Y Elcana se volvió a su casa en Ramá; y el niño
ministraba a Jehová delante del sacerdote Elí.
El pecado de los hijos de Elí
2:12 Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían
conocimiento de Jehová.
2:13 Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, que cuando alguno
ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras
se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de tres dientes,
2:14 y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en
la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para
sí. De esta manera hacían con todo israelita que venía
a Silo.
2:15 Asimismo, antes de quemar la grosura, venía el criado del
sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que asar para el
sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda.
2:16 Y si el hombre le respondía: Quemen la grosura primero,
y después toma tanto como quieras; él respondía: No,
sino dámela ahora mismo; de otra manera yo la tomaré por
la fuerza.
2:17 Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los
jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová.
2:18 Y el joven Samuel ministraba en la presencia de Jehová,
vestido de un efod de lino.
2:19 Y le hacía su madre una túnica pequeña y
se la traía cada año, cuando subía con su marido para
ofrecer el sacrificio acostumbrado.
2:20 Y Elí bendijo a Elcana y a su mujer, diciendo: Jehová
te dé hijos de esta mujer en lugar del que pidió a Jehová.
Y se volvieron a su casa.
2:21 Y visitó Jehová a Ana, y ella concibió, y
dio a luz tres hijos y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante
de Jehová.
2:22 Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus
hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las
mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión.
2:23 Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes?
Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes.
2:24 No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo;
pues hacéis pecar al pueblo de Jehová.
2:25 Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán;
mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará
por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová
había resuelto hacerlos morir.
2:26 Y el joven Samuel iba creciendo, y era acepto delante de Dios
y delante de los hombres.
2:27 Y vino un varón de Dios a Elí, y le dijo: Así
ha dicho Jehová: ¿No me manifesté yo claramente a
la casa de tu padre, cuando estaban en Egipto en casa de Faraón?
2:28 Y yo le escogí por mi sacerdote entre todas las tribus
de Israel, para que ofreciese sobre mi altar, y quemase incienso, y llevase
efod delante de mí;
y di a la casa de tu padre todas las ofrendas de los hijos de Israel.
2:29 ¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y
mis ofrendas, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has
honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de
lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel?
2:30 Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había
dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí
perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque
yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán
tenidos en poco.
2:31 He aquí, vienen días en que cortaré tu brazo
y el brazo de la casa de tu padre, de modo que no haya anciano en tu casa.
2:32 Verás tu casa humillada, mientras Dios colma de bienes
a Israel; y en ningún tiempo habrá anciano en tu casa.
2:33 El varón de los tuyos que yo no corte de mi altar, será
para consumir tus ojos y llenar tu alma de dolor; y todos los nacidos en
tu casa morirán en la edad viril.
2:34 Y te será por señal esto que acontecerá a
tus dos hijos, Ofni y Finees: ambos morirán en un día.
2:35 Y yo me suscitaré un sacerdote fiel, que haga conforme
a mi corazón y a mi alma; y yo le edificaré casa firme, y
andará delante de mi ungido todos los días.
2:36 Y el que hubiere quedado en tu casa vendrá a postrarse
delante de él por una moneda de plata y un bocado de pan, diciéndole:
Te ruego que me agregues a alguno de los ministerios, para que pueda comer
un bocado de pan.
Capítulo 3
Jehová llama a Samuel
3:1 El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí;
y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había
visión con frecuencia.
3:2 Y aconteció un día, que estando Elí acostado
en su aposento, cuando sus ojos comenzaban a oscurecerse de modo que no
podía ver,
3:3 Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde estaba
el arca de Dios; y antes que la lámpara de Dios fuese apagada,
3:4 Jehová llamó a Samuel; y él respondió:
Heme aquí.
3:5 Y corriendo luego a Elí, dijo: Heme aquí, ¿Para
qué me llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado; vuelve
y acuéstate. Y él se volvió y se acostó.
3:6 Y Jehová volvió a llamar otra vez a Samuel. Y levantándose
Samuel, vino a Elí y dijo: Heme aquí; ¿para qué
me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve
y acuéstate.
3:7 Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni
la palabra de Jehová le había sido revelada.
3:8 Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y él
se levantó y vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para
qué me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová
llamaba al joven.
3:9 Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare,
dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se
fue Samuel, y se acostó en su lugar.
3:10 Y vino Jehová y se paró, y llamó como las
otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque
tu siervo oye.
3:11 Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una
cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos
oídos.
3:12 Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las
cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin.
3:13 Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre,
por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a
Dios, y él no los ha estorbado.
3:14 Por tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad
de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios
ni con ofrendas.
3:15 Y Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió
las puertas de la casa de Jehová. Y Samuel temía descubrir
la visión a Elí.
3:16 Llamando, pues, Elí a Samuel, le dijo: Hijo mío,
Samuel. Y él respondió: Heme aquí.
3:17 Y Elí dijo: ¿Qué es la palabra que te habló?
Te ruego que no me la encubras; así te haga Dios y aun te añada,
si me encubrieres palabra de todo lo que habló contigo.
3:18 Y Samuel se lo manifestó todo, sin encubrirle nada. Entonces
él dijo: Jehová es; haga lo que bien le pareciere.
3:19 Y Samuel creció, y Jehová estaba con él,
y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras.
3:20 Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel
era fiel profeta de Jehová.
3:21 Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová
se manifestó a Samuel en Silo por la palabra de Jehová.
Capítulo 4
Los filisteos capturan el arca
4:1 Y Samuel habló a todo Israel. Por aquel tiempo salió
Israel a encontrar en batalla a los filisteos, y acampó junto a
Eben- ezer, y los filisteos acamparon en Afec.
4:2 Y los filisteos presentaron la batalla a Israel; y trabándose
el combate, Israel fue vencido delante de los filisteos, los cuales hirieron
en la batalla en el campo como a cuatro mil hombres.
4:3 Cuando volvió el pueblo al campamento, los ancianos de Israel
dijeron: ¿Por qué nos ha herido hoy Jehová delante
de los filisteos? Traigamos a nosotros de Silo el arca del pacto de Jehová,
para que viniendo entre nosotros nos salve de la mano de nuestros enemigos.
4:4 Y envió el pueblo a Silo, y trajeron de allá el arca
del pacto de Jehová de los ejércitos, que moraba entre los
querubines;
y los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, estaban allí con el
arca del pacto de Dios.
4:5 Aconteció que cuando el arca del pacto de Jehová
llegó al campamento, todo Israel gritó con tan gran júbilo
que la tierra tembló.
4:6 Cuando los filisteos oyeron la voz de júbilo, dijeron: ¿Qué
voz de gran júbilo es esta en el campamento de los hebreos? Y supieron
que el arca de Jehová había sido traída al campamento.
4:7 Y los filisteos tuvieron miedo, porque decían: Ha venido
Dios al campamento. Y dijeron: ¡Ay de nosotros! pues antes de ahora
no fue así.
4:8 ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará
de la mano de estos dioses poderosos? Estos son los dioses que hirieron
a Egipto con toda plaga en el desierto.
4:9 Esforzaos, oh filisteos, y sed hombres, para que no sirváis
a los hebreos, como ellos os han servido a vosotros; sed hombres, y pelead.
4:10 Pelearon, pues, los filisteos, e Israel fue vencido, y huyeron
cada cual a sus tiendas; y fue hecha muy grande mortandad, pues cayeron
de Israel treinta mil hombres de a pie.
4:11 Y el arca de Dios fue tomada, y muertos los dos hijos de Elí,
Ofni y Finees.
4:12 Y corriendo de la batalla un hombre de Benjamín, llegó
el mismo día a Silo, rotos sus vestidos y tierra sobre su cabeza;
4:13 y cuando llegó, he aquí que Elí estaba sentado
en una silla vigilando junto al camino, porque su corazón estaba
temblando por causa del arca de Dios. Llegado, pues, aquel hombre a la
ciudad, y dadas las nuevas, toda la ciudad gritó.
4:14 Cuando Elí oyó el estruendo de la gritería,
dijo: ¿Qué estruendo de alboroto es este? Y aquel hombre
vino aprisa y dio las nuevas a Elí.
4:15 Era ya Elí de edad de noventa y ocho años, y sus
ojos se habían oscurecido, de modo que no podía ver.
4:16 Dijo, pues, aquel hombre a Elí: Yo vengo de la batalla,
he escapado hoy del combate. Y Elí dijo: ¿Qué ha acontecido,
hijo mío?
4:17 Y el mensajero respondió diciendo: Israel huyó delante
de los filisteos, y también fue hecha gran mortandad en el pueblo;
y también tus dos hijos, Ofni y Finees, fueron muertos, y el arca
de Dios ha sido tomada.
4:18 Y aconteció que cuando él hizo mención del
arca de Dios, Elí cayó hacia atrás de la silla al
lado de la puerta, y se desnucó y murió; porque era hombre
viejo y pesado. Y había juzgado a Israel cuarenta años.
4:19 Y su nuera la mujer de Finees, que estaba encinta, cercana al
alumbramiento, oyendo el rumor que el arca de Dios había sido tomada,
y muertos su suegro y su marido, se inclinó y dio a luz; porque
le sobrevinieron sus dolores de repente.
4:20 Y al tiempo que moría, le decían las que estaban
junto a ella: No tengas temor, porque has dado a luz un hijo. Mas ella
no respondió, ni se dio por entendida.
4:21 Y llamó al niño Icabod, diciendo: ¡Traspasada
es la gloria de Israel! por haber sido tomada el arca de Dios, y por la
muerte de su suegro y de su marido.
4:22 Dijo, pues: Traspasada es la gloria de Israel; porque ha sido
tomada el arca de Dios.
Capítulo 5
El arca en tierra de los filisteoss
5:1 Cuando los filisteos capturaron el arca de Dios, la llevaron desde
Eben-ezer a Asdod.
5:2 Y tomaron los filisteos el arca de Dios, y la metieron en la casa
de Dagón, y la pusieron junto a Dagón.
5:3 Y cuando al siguiente día los de Asdod se levantaron de
mañana, he aquí Dagón postrado en tierra delante del
arca de Jehová; y tomaron a Dagón y lo volvieron a su lugar.
5:4 Y volviéndose a levantar de mañana el siguiente día,
he aquí que Dagón había caído postrado en tierra
delante del arca de Jehová; y la cabeza de Dagón y las dos
palmas de sus manos estaban cortadas sobre el umbral, habiéndole
quedado a Dagón el tronco solamente.
5:5 Por esta causa los sacerdotes de Dagón y todos los que entran
en el templo de Dagón no pisan el umbral de Dagón en Asdod,
hasta hoy.
5:6 Y se agravó la mano de Jehová sobre los de Asdod,
y los destruyó y los hirió con tumores en Asdod y en todo
su territorio.
5:7 Y viendo esto los de Asdod, dijeron: No quede con nosotros el arca
del Dios de Israel, porque su mano es dura sobre nosotros y sobre nuestro
dios Dagón.
5:8 Convocaron, pues, a todos los príncipes de los filisteos,
y les dijeron: ¿Qué haremos del arca del Dios de Israel?
Y ellos respondieron: Pásese el arca del Dios de Israel a Gat. Y
pasaron allá el arca del Dios de Israel.
5:9 Y aconteció que cuando la habían pasado, la mano
de Jehová estuvo contra la ciudad con gran quebrantamiento, y afligió
a los hombres de aquella ciudad desde el chico hasta el grande, y se llenaron
de tumores.
5:10 Entonces enviaron el arca de Dios a Ecrón. Y cuando el
arca de Dios vino a Ecrón, los ecronitas dieron voces, diciendo:
Han pasado a nosotros el arca del Dios de Israel para matarnos a nosotros
y a nuestro pueblo.
5:11 Y enviaron y reunieron a todos los príncipes de los filisteos,
diciendo: Enviad el arca del Dios de Israel, y vuélvase a su lugar,
y no nos mate a nosotros ni a nuestro pueblo; porque había consternación
de muerte en toda la ciudad, y la mano de Dios se había agravado
allí.
5:12 Y los que no morían, eran heridos de tumores; y el clamor
de la ciudad subía al cielo.
Capítulo 6
Los filisteos devuelven el arca
6:1 Estuvo el arca de Jehová en la tierra de los filisteos siete
meses.
6:2 Entonces los filisteos, llamando a los sacerdotes y adivinos, preguntaron:
¿Qué haremos del arca de Jehová? Hacednos saber de
qué manera la hemos de volver a enviar a su lugar.
6:3 Ellos dijeron: Si enviáis el arca del Dios de Israel, no
la enviéis vacía, sino pagadle la expiación; entonces
seréis sanos, y conoceréis por qué no se apartó
de vosotros su mano.
6:4 Y ellos dijeron: ¿Y qué será la expiación
que le pagaremos? Ellos respondieron: Conforme al número de los
príncipes de los filisteos, cinco tumores de oro, y cinco ratones
de oro, porque una misma plaga ha afligido a todos vosotros y a vuestros
príncipes.
6:5 Haréis, pues, figuras de vuestros tumores, y de vuestros
ratones que destruyen la tierra, y daréis gloria al Dios de Israel;
quizá aliviará su mano de sobre vosotros y de sobre vuestros
dioses, y de sobre vuestra tierra.
6:6 ¿Por qué endurecéis vuestro corazón,
como los egipcios y Faraón endurecieron su corazón? Después
que los había tratado así, ¿no los dejaron ir, y se
fueron?
6:7 Haced, pues, ahora un carro nuevo, y tomad luego dos vacas que
críen, a las cuales no haya sido puesto yugo, y uncid las vacas
al carro, y haced volver sus becerros de detrás de ellas a casa.
6:8 Tomaréis luego el arca de Jehová, y la pondréis
sobre el carro, y las joyas de oro que le habéis de pagar en ofrenda
por la culpa, las pondréis en una caja al lado de ella; y la dejaréis
que se vaya.
6:9 Y observaréis; si sube por el camino de su tierra a Bet-semes,
él nos ha hecho este mal tan grande; y si no, sabremos que no es
su mano la que nos ha herido, sino que esto ocurrió por accidente.
6:10 Y aquellos hombres lo hicieron así; tomando dos vacas que
criaban, las uncieron al carro, y encerraron en casa sus becerros.
6:11 Luego pusieron el arca de Jehová sobre el carro, y la caja
con los ratones de oro y las figuras de sus tumores.
6:12 Y las vacas se encaminaron por el camino de Bet-semes, y seguían
camino recto, andando y bramando, sin apartarse ni a derecha ni a izquierda;
y los príncipes de los filisteos fueron tras ellas hasta el límite
de Bet-semes.
6:13 Y los de Bet-semes segaban el trigo en el valle; y alzando los
ojos vieron el arca, y se regocijaron cuando la vieron.
6:14 Y el carro vino al campo de Josué de Bet-semes, y paró
allí donde había una gran piedra; y ellos cortaron la madera
del carro, y ofrecieron las vacas en holocausto a Jehová.
6:15 Y los levitas bajaron el arca de Jehová, y la caja que
estaba junto a ella, en la cual estaban las joyas de oro, y las pusieron
sobre aquella gran piedra; y los hombres de Bet-semes sacrificaron holocaustos
y dedicaron sacrificios a Jehová en aquel día.
6:16 Cuando vieron esto los cinco príncipes de los filisteos,
volvieron a Ecrón el mismo día.
6:17 Estos fueron los tumores de oro que pagaron los filisteos en expiación
a Jehová: por Asdod uno, por Gaza uno, por Ascalón uno, por
Gat uno, por Ecrón uno.
6:18 Y los ratones de oro fueron conforme al número de todas
las ciudades de los filisteos pertenecientes a los cinco príncipes,
así las ciudades fortificadas como las aldeas sin muro. La gran
piedra sobre la cual pusieron el arca de Jehová está en el
campo de Josué de Bet-semes hasta hoy.
6:19 Entonces Dios hizo morir a los hombres de Bet-semes, porque habían
mirado dentro del arca de Jehová; hizo morir del pueblo a cincuenta
mil setenta hombres. Y lloró el pueblo, porque Jehová lo
había herido con tan gran mortandad.
6:20 Y dijeron los de Bet-semes: ¿Quién podrá
estar delante de Jehová el Dios santo? ¿A quién subirá
desde nosotros?
6:21 Y enviaron mensajeros a los habitantes de Quiriat-jearim, diciendo:
Los filisteos han devuelto el arca de Jehová; descended, pues, y
llevadla a vosotros.
Capítulo 7
7:1 Vinieron los de Quiriat-jearim y llevaron el arca de Jehová,
y la pusieron en casa de Abinadab, situada en el collado; y santificaron
a Eleazar su hijo para que guardase el arca de Jehová.
7:2 Desde el día que llegó el arca a Quiriat-jearim pasaron
muchos días, veinte años; y toda la casa de Israel lamentaba
en pos de Jehová.
Samuel, juez de Israel
7:3 Habló Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: Si de todo
vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses
ajenos y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro corazón
a Jehová, y sólo a él servid, y os librará
de la mano de los filisteos.
7:4 Entonces los hijos de Israel quitaron a los baales y a Astarot,
y sirvieron sólo a Jehová.
7:5 Y Samuel dijo: Reunid a todo Israel en Mizpa, y yo oraré
por vosotros a Jehová.
7:6 Y se reunieron en Mizpa, y sacaron agua, y la derramaron delante
de Jehová, y ayunaron aquel día, y dijeron allí: Contra
Jehová hemos pecado. Y juzgó Samuel a los hijos de Israel
en Mizpa.
7:7 Cuando oyeron los filisteos que los hijos de Israel estaban reunidos
en Mizpa, subieron los príncipes de los filisteos contra Israel;
y al oír esto los hijos de Israel, tuvieron temor de los filisteos.
7:8 Entonces dijeron los hijos de Israel a Samuel: No ceses de clamar
por nosotros a Jehová nuestro Dios, para que nos guarde de la mano
de los filisteos.
7:9 Y Samuel tomó un cordero de leche y lo sacrificó
entero en holocausto a Jehová; y clamó Samuel a Jehová
por Israel, y Jehová le oyó.
7:10 Y aconteció que mientras Samuel sacrificaba el holocausto,
los filisteos llegaron para pelear con los hijos de Israel. Mas Jehová
tronó aquel día con gran estruendo sobre los filisteos, y
los atemorizó, y fueron vencidos delante de Israel.
7:11 Y saliendo los hijos de Israel de Mizpa, siguieron a los filisteos,
hiriéndolos hasta abajo de Bet-car.
7:12 Tomó luego Samuel una piedra y la puso entre Mizpa y Sen,
y le puso por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó
Jehová.
7:13 Así fueron sometidos los filisteos, y no volvieron más
a entrar en el territorio de Israel; y la mano de Jehová estuvo
contra los filisteos todos los días de Samuel.
7:14 Y fueron restituidas a los hijos de Israel las ciudades que los
filisteos habían tomado a los israelitas, desde Ecrón hasta
Gat; e Israel libró su territorio de mano de los filisteos. Y hubo
paz entre Israel y el amorreo.
7:15 Y juzgó Samuel a Israel todo el tiempo que vivió.
7:16 Y todos los años iba y daba vuelta a Bet-el, a Gilgal y
a Mizpa, y juzgaba a Israel en todos estos lugares.
7:17 Después volvía a Ramá, porque allí
estaba su casa, y allí juzgaba a Israel; y edificó allí
un altar a Jehová.
Capítulo 8
Israel pide rey
8:1 Aconteció que habiendo Samuel envejecido, puso a sus hijos por
jueces sobre Israel.
8:2 Y el nombre de su hijo primogénito fue Joel, y el nombre
del segundo, Abías; y eran jueces en Beerseba.
8:3 Pero no anduvieron los hijos por los caminos de su padre, antes
se volvieron tras la avaricia, dejándose sobornar y pervirtiendo
el derecho.
8:4 Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a
Ramá para ver a Samuel,
8:5 y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos
no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que
nos juzgue, como tienen todas las naciones.
8:6 Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos
un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová.
8:7 Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo
que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han
desechado, para que no reine sobre ellos.
8:8 Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que
los saqué de Egipto hasta hoy, dejándome a mí y sirviendo
a dioses ajenos, así hacen también contigo.
8:9 Ahora, pues, oye su voz; mas protesta solemnemente contra ellos,
y muéstrales cómo les tratará el rey que reinará
sobre ellos.
8:10 Y refirió Samuel todas las palabras de Jehová al
pueblo que le había pedido rey.
8:11 Dijo, pues: Así hará el rey que reinará sobre
vosotros: tomará vuestros hijos, y los pondrá en sus carros
y en su gente de a caballo, para que corran delante de su carro;
8:12 y nombrará para sí jefes de miles y jefes de cincuentenas;
los pondrá asimismo a que aren sus campos y sieguen sus mieses,
y a que hagan sus armas de guerra y los pertrechos de sus carros.
8:13 Tomará también a vuestras hijas para que sean perfumadoras,
cocineras y amasadoras.
8:14 Asimismo tomará lo mejor de vuestras tierras, de vuestras
viñas y de vuestros olivares, y los dará a sus siervos.
8:15 Diezmará vuestro grano y vuestras viñas, para dar
a sus oficiales y a sus siervos.
8:16 Tomará vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores
jóvenes, y vuestros asnos, y con ellos hará sus obras.
8:17 Diezmará también vuestros rebaños, y seréis
sus siervos.
8:18 Y clamaréis aquel día a causa de vuestro rey que
os habréis elegido, mas Jehová no os responderá en
aquel día.
8:19 Pero el pueblo no quiso oír la voz de Samuel, y dijo: No,
sino que habrá rey sobre nosotros;
8:20 y nosotros seremos también como todas las naciones, y nuestro
rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará
nuestras guerras.
8:21 Y oyó Samuel todas las palabras del pueblo, y las refirió
en oídos de Jehová.
8:22 Y Jehová dijo a Samuel: Oye su voz, y pon rey sobre ellos.
Entonces dijo Samuel a los varones de Israel: Idos cada uno a vuestra ciudad.
Capítulo 9
Saúl es elegido rey
9:1 Había un varón de Benjamín, hombre valeroso, el
cual se llamaba Cis, hijo de Abiel, hijo de Zeror, hijo de Becorat, hijo
de Afía, hijo de un benjamita.
9:2 Y tenía él un hijo que se llamaba Saúl, joven
y hermoso. Entre los hijos de Israel no había otro más hermoso
que él; de hombros arriba sobrepasaba a cualquiera del pueblo.
9:3 Y se habían perdido las asnas de Cis, padre de Saúl;
por lo que dijo Cis a Saúl su hijo: Toma ahora contigo alguno de
los criados, y levántate, y ve a buscar las asnas.
9:4 Y él pasó el monte de Efraín, y de allí
a la tierra de Salisa, y no las hallaron. Pasaron luego por la tierra de
Saalim, y tampoco. Después pasaron por la tierra de Benjamín,
y no las encontraron.
9:5 Cuando vinieron a la tierra de Zuf, Saúl dijo a su criado
que tenía consigo: Ven, volvámonos; porque quizá mi
padre, abandonada la preocupación por las asnas, estará acongojado
por nosotros.
9:6 El le respondió: He aquí ahora hay en esta ciudad
un varón de Dios, que es hombre insigne; todo lo que él dice
acontece sin falta. Vamos, pues, allá; quizá nos dará
algún indicio acerca del objeto por el cual emprendimos nuestro
camino.
9:7 Respondió Saúl a su criado: Vamos ahora; pero ¿qué
llevaremos al varón? Porque el pan de nuestras alforjas se ha acabado,
y no tenemos qué ofrecerle al varón de Dios. ¿Qué
tenemos?
9:8 Entonces volvió el criado a responder a Saúl, diciendo:
He aquí se halla en mi mano la cuarta parte de un siclo de plata;
esto daré al varón de Dios, para que nos declare nuestro
camino.
9:9 (Antiguamente en Israel cualquiera que iba a consultar a Dios,
decía así: Venid y vamos al vidente; porque al que hoy se
llama profeta, entonces se le llamaba vidente.)
9:10 Dijo entonces Saúl a su criado: Dices bien; anda, vamos.
Y fueron a la ciudad donde estaba el varón de Dios.
9:11 Y cuando subían por la cuesta de la ciudad, hallaron unas
doncellas que salían por agua, a las cuales dijeron: ¿Está
en este lugar el vidente?
9:12 Ellas, respondiéndoles, dijeron: Sí; helo allí
delante de ti; date prisa, pues, porque hoy ha venido a la ciudad en atención
a que el pueblo tiene hoy un sacrificio en el lugar alto.
9:13 Cuando entréis en la ciudad, le encontraréis luego,
antes que suba al lugar alto a comer; pues el pueblo no comerá hasta
que él haya llegado, por cuanto él es el que bendice el sacrificio;
después de esto comen los convidados. Subid, pues, ahora, porque
ahora le hallaréis.
9:14 Ellos entonces subieron a la ciudad; y cuando estuvieron en medio
de ella, he aquí Samuel venía hacía ellos para subir
al lugar alto.
9:15 Y un día antes que Saúl viniese, Jehová había
revelado al oído de Samuel, diciendo:
9:16 Mañana a esta misma hora yo enviaré a ti un varón
de la tierra de Benjamín, al cual ungirás por príncipe
sobre mi pueblo Israel, y salvará a mi pueblo de mano de los filisteos;
porque yo he mirado a mi pueblo, por cuanto su clamor ha llegado hasta
mí.
9:17 Y luego que Samuel vio a Saúl, Jehová le dijo: He
aquí éste es el varón del cual te hablé; éste
gobernará a mi pueblo.
9:18 Acercándose, pues, Saúl a Samuel en medio de la
puerta, le dijo: Te ruego que me enseñes dónde está
la casa del vidente.
9:19 Y Samuel respondió a Saúl, diciendo: Yo soy el vidente;
sube delante de mí al lugar alto, y come hoy conmigo, y por la mañana
te despacharé, y te descubriré todo lo que está en
tu corazón.
9:20 Y de las asnas que se te perdieron hace ya tres días, pierde
cuidado de ellas, porque se han hallado. Mas ¿para quién
es todo lo que hay de codiciable en Israel, sino para ti y para toda la
casa de tu padre?
9:21 Saúl respondió y dijo: ¿No soy yo hijo de
Benjamín, de la más pequeña de las tribus de Israel?
Y mi familia ¿no es la más pequeña de todas las familias
de la tribu de Benjamín? ¿Por qué, pues, me has dicho
cosa semejante?
9:22 Entonces Samuel tomó a Saúl y a su criado, los introdujo
a la sala, y les dio lugar a la cabecera de los convidados, que eran unos
treinta hombres.
9:23 Y dijo Samuel al cocinero: Trae acá la porción que
te di, la cual te dije que guardases aparte.
9:24 Entonces alzó el cocinero una espaldilla, con lo que estaba
sobre ella, y la puso delante de Saúl. Y Samuel dijo: He aquí
lo que estaba reservado; ponlo delante de ti y come, porque para esta ocasión
se te guardó, cuando dije: Yo he convidado al pueblo. Y Saúl
comió aquel día con Samuel.
9:25 Y cuando hubieron descendido del lugar alto a la ciudad, él
habló con Saúl en el terrado.
9:26 Al otro día madrugaron; y al despuntar el alba, Samuel
llamó a Saúl, que estaba en el terrado, y dijo: Levántate,
para que te despida. Luego se levantó Saúl, y salieron ambos,
él y Samuel.
9:27 Y descendiendo ellos al extremo de la ciudad, dijo Samuel a Saúl:
Di al criado que se adelante (y se adelantó el criado), mas espera
tú un poco para que te declare la palabra de Dios.
Capítulo 10
10:1 Tomando entonces Samuel una redoma de aceite, la derramó sobre
su cabeza, y lo besó, y le dijo: ¿No te ha ungido Jehová
por príncipe sobre su pueblo Israel?
10:2 Hoy, después que te hayas apartado de mí, hallarás
dos hombres junto al sepulcro de Raquel, en el territorio de Benjamín,
en Selsa, los cuales te dirán: Las asnas que habías ido a
buscar se han hallado; tu padre ha dejado ya de inquietarse por las asnas,
y está afligido por vosotros, diciendo: ¿Qué haré
acerca de mi hijo?
10:3 Y luego que de allí sigas más adelante, y llegues
a la encina de Tabor, te saldrán al encuentro tres hombres que suben
a Dios en Bet-el, llevando uno tres cabritos, otro tres tortas de pan,
y el tercero una vasija de vino;
10:4 los cuales, luego que te hayan saludado, te darán dos panes,
los que tomarás de mano de ellos.
10:5 Después de esto llegarás al collado de Dios donde
está la guarnición de los filisteos; y cuando entres allá
en la ciudad encontrarás una compañía de profetas
que descienden del lugar alto, y delante de ellos salterio, pandero, flauta
y arpa, y ellos profetizando.
10:6 Entonces el Espíritu de Jehová vendrá sobre
ti con poder, y profetizarás con ellos, y serás mudado en
otro hombre.
10:7 Y cuando te hayan sucedido estas señales, haz lo que te
viniere a la mano, porque Dios está contigo.
10:8 Luego bajarás delante de mí a Gilgal; entonces descenderé
yo a ti para ofrecer holocaustos y sacrificar ofrendas de paz. Espera siete
días, hasta que yo venga a ti y te enseñe lo que has de hacer.
10:9 Aconteció luego, que al volver él la espalda para
apartarse de Samuel, le mudó Dios su corazón; y todas estas
señales acontecieron en aquel día.
10:10 Y cuando llegaron allá al collado, he aquí la compañía
de los profetas que venía a encontrarse con él; y el Espíritu
de Dios vino sobre él con poder, y profetizó entre ellos.
10:11 Y aconteció que cuando todos los que le conocían
antes vieron que profetizaba con los profetas, el pueblo decía el
uno al otro: ¿Qué le ha sucedido al hijo de Cis? ¿Saúl
también entre los profetas?
10:12 Y alguno de allí respondió diciendo: ¿Y
quién es el padre de ellos? Por esta causa se hizo proverbio: ¿También
Saúl entre los profetas?
10:13 Y cesó de profetizar, y llegó al lugar alto.
10:14 Un tío de Saúl dijo a él y a su criado:
¿A dónde fuisteis? Y él respondió: A buscar
las asnas; y como vimos que no parecían, fuimos a Samuel.
10:15 Dijo el tío de Saúl: Yo te ruego me declares qué
os dijo Samuel.
10:16 Y Saúl respondió a su tío: Nos declaró
expresamente que las asnas habían sido halladas. Mas del asunto
del reino, de que Samuel le había hablado, no le descubrió
nada.
10:17 Después Samuel convocó al pueblo delante de Jehová
en Mizpa,
10:18 y dijo a los hijos de Israel: Así ha dicho Jehová
el Dios de Israel: Yo saqué a Israel de Egipto, y os libré
de mano de los egipcios, y de mano de todos los reinos que os afligieron.
10:19 Pero vosotros habéis desechado hoy a vuestro Dios, que
os guarda de todas vuestras aflicciones y angustias, y habéis dicho:
No, sino pon rey sobre nosotros. Ahora, pues, presentaos delante de Jehová
por vuestras tribus y por vuestros millares.
10:20 Y haciendo Samuel que se acercasen todas las tribus de Israel,
fue tomada la tribu de Benjamín.
10:21 E hizo llegar la tribu de Benjamín por sus familias, y
fue tomada la familia de Matri; y de ella fue tomado Saúl hijo de
Cis. Y le buscaron, pero no fue hallado.
10:22 Preguntaron, pues, otra vez a Jehová si aún no
había venido allí aquel varón. Y respondió
Jehová: He aquí que él está escondido entre
el bagaje.
10:23 Entonces corrieron y lo trajeron de allí; y puesto en
medio del pueblo, desde los hombros arriba era más alto que todo
el pueblo.
10:24 Y Samuel dijo a todo el pueblo: ¿Habéis visto al
que ha elegido Jehová, que no hay semejante a él en todo
el pueblo? Entonces el pueblo clamó con alegría, diciendo:
¡Viva el rey!
10:25 Samuel recitó luego al pueblo las leyes del reino, y las
escribió en un libro, el cual guardó delante de Jehová.
10:26 Y envió Samuel a todo el pueblo cada uno a su casa. Saúl
también se fue a su casa en Gabaa, y fueron con él los hombres
de guerra cuyos corazones Dios había tocado.
10:27 Pero algunos perversos dijeron: ¿Cómo nos ha de
salvar éste? Y le tuvieron en poco, y no le trajeron presente; mas
él disimuló.
Capítulo 11
Saúl derrota a los amonitas
11:1 Después subió Nahas amonita, y acampó contra
Jabes de Galaad. Y todos los de Jabes dijeron a Nahas: Haz alianza con
nosotros, y te serviremos.
11:2 Y Nahas amonita les respondió: Con esta condición
haré alianza con vosotros, que a cada uno de todos vosotros saque
el ojo derecho, y ponga esta afrenta sobre todo Israel.
11:3 Entonces los ancianos de Jabes le dijeron: Danos siete días,
para que enviemos mensajeros por todo el territorio de Israel; y si no
hay nadie que nos defienda, saldremos a ti.
11:4 Llegando los mensajeros a Gabaa de Saúl, dijeron estas
palabras en oídos del pueblo; y todo el pueblo alzó su voz
y lloró.
11:5 Y he aquí Saúl que venía del campo, tras
los bueyes; y dijo Saúl: ¿Qué tiene el pueblo, que
llora? Y le contaron las palabras de los hombres de Jabes.
11:6 Al oír Saúl estas palabras, el Espíritu de
Dios vino sobre él con poder; y él se encendió en
ira en gran manera.
11:7 Y tomando un par de bueyes, los cortó en trozos y los envió
por todo el territorio de Israel por medio de mensajeros, diciendo: Así
se hará con los bueyes del que no saliere en pos de Saúl
y en pos de Samuel. Y cayó temor de Jehová sobre el pueblo,
y salieron como un solo hombre.
11:8 Y los contó en Bezec; y fueron los hijos de Israel trescientos
mil, y treinta mil los hombres de Judá.
11:9 Y respondieron a los mensajeros que habían venido: Así
diréis a los de Jabes de Galaad: Mañana al calentar el sol,
seréis librados. Y vinieron los mensajeros y lo anunciaron a los
de Jabes, los cuales se alegraron.
11:10 Y los de Jabes dijeron a los enemigos: Mañana saldremos
a vosotros, para que hagáis con nosotros todo lo que bien os pareciere.
11:11 Aconteció que al día siguiente dispuso Saúl
al pueblo en tres compañías, y entraron en medio del campamento
a la vigilia de la mañana, e hirieron a los amonitas hasta que el
día calentó; y los que quedaron fueron dispersos, de tal
manera que no quedaron dos de ellos juntos.
11:12 El pueblo entonces dijo a Samuel: ¿Quiénes son
los que decían: ¿Ha de reinar Saúl sobre nosotros?
Dadnos esos hombres, y los mataremos.
11:13 Y Saúl dijo: No morirá hoy ninguno, porque hoy
Jehová ha dado salvación en Israel.
11:14 Mas Samuel dijo al pueblo: Venid, vamos a Gilgal para que renovemos
allí el reino.
11:15 Y fue todo el pueblo a Gilgal, e invistieron allí a Saúl
por rey delante de Jehová en Gilgal. Y sacrificaron allí
ofrendas de paz delante de Jehová, y se alegraron mucho allí
Saúl y todos los de Israel.
Capítulo 12
Discurso de Samuel al pueblo
12:1 Dijo Samuel a todo Israel: He aquí, yo he oído vuestra
voz en todo cuanto me habéis dicho, y os he puesto rey.
12:2 Ahora, pues, he aquí vuestro rey va delante de vosotros.
Yo soy ya viejo y lleno de canas; pero mis hijos están con vosotros,
y yo he andado delante de vosotros desde mi juventud hasta este día.
12:3 Aquí estoy; atestiguad contra mí delante de Jehová
y delante de su ungido, si he tomado el buey de alguno, si he tomado el
asno de alguno, si he calumniado a alguien, si he agraviado a alguno, o
si de alguien he tomado cohecho para cegar mis ojos con él; y os
lo restituiré.
12:4 Entonces dijeron: Nunca nos has calumniado ni agraviado, ni has
tomado algo de mano de ningún hombre.
12:5 Y él les dijo: Jehová es testigo contra vosotros,
y su ungido también es testigo en este día, que no habéis
hallado cosa alguna en mi mano. Y ellos respondieron: Así es.
12:6 Entonces Samuel dijo al pueblo: Jehová que designó
a Moisés y a Aarón,
y sacó a vuestros padres de la tierra de Egipto, es testigo.
12:7 Ahora, pues, aguardad, y contenderé con vosotros delante
de Jehová acerca de todos los hechos de salvación que Jehová
ha hecho con vosotros y con vuestros padres.
12:8 Cuando Jacob hubo entrado en Egipto, y vuestros padres clamaron
a Jehová,
Jehová envió a Moisés y a Aarón, los cuales
sacaron a vuestros padres de Egipto, y los hicieron habitar en este lugar.
12:9 Y olvidaron a Jehová su Dios, y él los vendió
en mano de Sísara
jefe del ejército de Hazor, y en mano de los filisteos,
y en mano del rey de Moab,
los cuales les hicieron guerra.
12:10 Y ellos clamaron a Jehová, y dijeron: Hemos pecado, porque
hemos dejado a Jehová y hemos servido a los baales y a Astarot;
líbranos, pues, ahora de mano de nuestros enemigos, y te serviremos.
12:11 Entonces Jehová envió a Jerobaal,
a Barac,
a Jefté
y a Samuel,
y os libró de mano de vuestros enemigos en derredor, y habitasteis
seguros.
12:12 Y habiendo visto que Nahas rey de los hijos de Amón venía
contra vosotros, me dijisteis: No, sino que ha de reinar sobre nosotros
un rey;
siendo así que Jehová vuestro Dios era vuestro rey.
12:13 Ahora, pues, he aquí el rey que habéis elegido,
el cual pedisteis; ya veis que Jehová ha puesto rey sobre vosotros.
12:14 Si temiereis a Jehová y le sirviereis, y oyereis su voz,
y no fuereis rebeldes a la palabra de Jehová, y si tanto vosotros
como el rey que reina sobre vosotros servís a Jehová vuestro
Dios, haréis bien.
12:15 Mas si no oyereis la voz de Jehová, y si fuereis rebeldes
a las palabras de Jehová, la mano de Jehová estará
contra vosotros como estuvo contra vuestros padres.
12:16 Esperad aún ahora, y mirad esta gran cosa que Jehová
hará delante de vuestros ojos.
12:17 ¿No es ahora la siega del trigo? Yo clamaré a Jehová,
y él dará truenos y lluvias, para que conozcáis y
veáis que es grande vuestra maldad que habéis hecho ante
los ojos de Jehová, pidiendo para vosotros rey.
12:18 Y Samuel clamó a Jehová, y Jehová dio truenos
y lluvias en aquel día; y todo el pueblo tuvo gran temor de Jehová
y de Samuel.
12:19 Entonces dijo todo el pueblo a Samuel: Ruega por tus siervos
a Jehová tu Dios, para que no muramos; porque a todos nuestros pecados
hemos añadido este mal de pedir rey para nosotros.
12:20 Y Samuel respondió al pueblo: No temáis; vosotros
habéis hecho todo este mal; pero con todo eso no os apartéis
de en pos de Jehová, sino servidle con todo vuestro corazón.
12:21 No os apartéis en pos de vanidades que no aprovechan ni
libran, porque son vanidades.
12:22 Pues Jehová no desamparará a su pueblo, por su
grande nombre; porque Jehová ha querido haceros pueblo suyo.
12:23 Así que, lejos sea de mí que peque yo contra Jehová
cesando de rogar por vosotros; antes os instruiré en el camino bueno
y recto.
12:24 Solamente temed a Jehová y servidle de verdad con todo
vuestro corazón, pues considerad cuán grandes cosas ha hecho
por vosotros.
12:25 Mas si perseverareis en hacer mal, vosotros y vuestro rey pereceréis.
Capítulo 13
Guerra contra los filisteos
13:1 Había ya reinado Saúl un año; y cuando hubo reinado
dos años sobre Israel,
13:2 escogió luego a tres mil hombres de Israel, de los cuales
estaban con Saúl dos mil en Micmas y en el monte de Bet-el, y mil
estaban con Jonatán en Gabaa de Benjamín; y envió
al resto del pueblo cada uno a sus tiendas.
13:3 Y Jonatán atacó a la guarnición de los filisteos
que había en el collado, y lo oyeron los filisteos. E hizo Saúl
tocar trompeta por todo el país, diciendo: Oigan los hebreos.
13:4 Y todo Israel oyó que se decía: Saúl ha atacado
a la guarnición de los filisteos; y también que Israel se
había hecho abominable a los filisteos. Y se juntó el pueblo
en pos de Saúl en Gilgal.
13:5 Entonces los filisteos se juntaron para pelear contra Israel,
treinta mil carros, seis mil hombres de a caballo, y pueblo numeroso como
la arena que está a la orilla del mar; y subieron y acamparon en
Micmas, al oriente de Bet-avén.
13:6 Cuando los hombres de Israel vieron que estaban en estrecho (porque
el pueblo estaba en aprieto), se escondieron en cuevas, en fosos, en peñascos,
en rocas y en cisternas.
13:7 Y algunos de los hebreos pasaron el Jordán a la tierra
de Gad y de Galaad; pero Saúl permanecía aún en Gilgal,
y todo el pueblo iba tras él temblando.
13:8 Y él esperó siete días, conforme al plazo
que Samuel había dicho;
pero Samuel no venía a Gilgal, y el pueblo se le desertaba.
13:9 Entonces dijo Saúl: Traedme holocausto y ofrendas de paz.
Y ofreció el holocausto.
13:10 Y cuando él acababa de ofrecer el holocausto, he aquí
Samuel que venía; y Saúl salió a recibirle, para saludarle.
13:11 Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl
respondió: Porque vi que el pueblo se me desertaba, y que tú
no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos
estaban reunidos en Micmas,
13:12 me dije: Ahora descenderán los filisteos contra mí
a Gilgal, y yo no he implorado el favor de Jehová. Me esforcé,
pues, y ofrecí holocausto.
13:13 Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste
el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado;
pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para
siempre.
13:14 Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se
ha buscado un varón conforme a su corazón,
al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su
pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó.
13:15 Y levantándose Samuel, subió de Gilgal a Gabaa
de Benjamín. Y Saúl contó la gente que se hallaba
con él, como seiscientos hombres.
13:16 Saúl, pues, y Jonatán su hijo, y el pueblo que
con ellos se hallaba, se quedaron en Gabaa de Benjamín; pero los
filisteos habían acampado en Micmas.
13:17 Y salieron merodeadores del campamento de los filisteos en tres
escuadrones; un escuadrón marchaba por el camino de Ofra hacia la
tierra de Sual,
13:18 otro escuadrón marchaba hacia Bet-horón, y el tercer
escuadrón marchaba hacia la región que mira al valle de Zeboim,
hacia el desierto.
13:19 Y en toda la tierra de Israel no se hallaba herrero; porque los
filisteos habían dicho: Para que los hebreos no hagan espada o lanza.
13:20 Por lo cual todos los de Israel tenían que descender a
los filisteos para afilar cada uno la reja de su arado, su azadón,
su hacha o su hoz.
13:21 Y el precio era un pim por las rejas de arado y por los azadones,
y la tercera parte de un siclo
por afilar las hachas y por componer las aguijadas.
13:22 Así aconteció que en el día de la batalla
no se halló espada ni lanza en mano de ninguno del pueblo que estaba
con Saúl y con Jonatán, excepto Saúl y Jonatán
su hijo, que las tenían.
13:23 Y la guarnición de los filisteos avanzó hasta el
paso de Micmas.
Capítulo 14
14:1 Aconteció un día, que Jonatán hijo de Saúl
dijo a su criado que le traía las armas: Ven y pasemos a la guarnición
de los filisteos, que está de aquel lado. Y no lo hizo saber a su
padre.
14:2 Y Saúl se hallaba al extremo de Gabaa, debajo de un granado
que hay en Migrón, y la gente que estaba con él era como
seiscientos hombres.
14:3 Y Ahías hijo de Ahitob, hermano de Icabod, hijo de Finees,
hijo de Elí, sacerdote de Jehová en Silo, llevaba el efod;
y no sabía el pueblo que Jonatán se hubiese ido.
14:4 Y entre los desfiladeros por donde Jonatán procuraba pasar
a la guarnición de los filisteos, había un peñasco
agudo de un lado, y otro del otro lado; el uno se llamaba Boses, y el otro
Sene.
14:5 Uno de los peñascos estaba situado al norte, hacia Micmas,
y el otro al sur, hacia Gabaa.
14:6 Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a
la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová
por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos
o con pocos.
14:7 Y su paje de armas le respondió: Haz todo lo que tienes
en tu corazón; ve, pues aquí estoy contigo a tu voluntad.
14:8 Dijo entonces Jonatán: Vamos a pasar a esos hombres, y
nos mostraremos a ellos.
14:9 Si nos dijeren así: Esperad hasta que lleguemos a vosotros,
entonces nos estaremos en nuestro lugar, y no subiremos a ellos.
14:10 Mas si nos dijeren así: Subid a nosotros, entonces subiremos,
porque Jehová los ha entregado en nuestra mano; y esto nos será
por señal.
14:11 Se mostraron, pues, ambos a la guarnición de los filisteos,
y los filisteos dijeron: He aquí los hebreos, que salen de las cavernas
donde se habían escondido.
14:12 Y los hombres de la guarnición respondieron a Jonatán
y a su paje de armas, y dijeron: Subid a nosotros, y os haremos saber una
cosa. Entonces Jonatán dijo a su paje de armas: Sube tras mí,
porque Jehová los ha entregado en manos de Israel.
14:13 Y subió Jonatán trepando con sus manos y sus pies,
y tras él su paje de armas; y a los que caían delante de
Jonatán, su paje de armas que iba tras él los mataba.
14:14 Y fue esta primera matanza que hicieron Jonatán y su paje
de armas, como veinte hombres, en el espacio de una media yugada de tierra.
14:15 Y hubo pánico en el campamento y por el campo, y entre
toda la gente de la guarnición; y los que habían ido a merodear,
también ellos tuvieron pánico, y la tierra tembló;
hubo, pues, gran consternación.
14:16 Y los centinelas de Saúl vieron desde Gabaa de Benjamín
cómo la multitud estaba turbada, e iba de un lado a otro y era deshecha.
14:17 Entonces Saúl dijo al pueblo que estaba con él:
Pasad ahora revista, y ved quién se haya ido de los nuestros. Pasaron
revista, y he aquí que faltaba Jonatán y su paje de armas.
14:18 Y Saúl dijo a Ahías: Trae el arca de Dios. Porque
el arca de Dios estaba entonces con los hijos de Israel.
14:19 Pero aconteció que mientras aún hablaba Saúl
con el sacerdote, el alboroto que había en el campamento de los
filisteos aumentaba, e iba creciendo en gran manera. Entonces dijo Saúl
al sacerdote: Detén tu mano.
14:20 Y juntando Saúl a todo el pueblo que con él estaba,
llegaron hasta el lugar de la batalla; y he aquí que la espada de
cada uno estaba vuelta contra su compañero, y había gran
confusión.
14:21 Y los hebreos que habían estado con los filisteos de tiempo
atrás, y habían venido con ellos de los alrededores al campamento,
se pusieron también del lado de los israelitas que estaban con Saúl
y con Jonatán.
14:22 Asimismo todos los israelitas que se habían escondido
en el monte de Efraín, oyendo que los filisteos huían, también
ellos los persiguieron en aquella batalla.
14:23 Así salvó Jehová a Israel aquel día.
Y llegó la batalla hasta Bet-avén.
14:24 Pero los hombres de Israel fueron puestos en apuro aquel día;
porque Saúl había juramentado al pueblo, diciendo: Cualquiera
que coma pan antes de caer la noche, antes que haya tomado venganza de
mis enemigos, sea maldito. Y todo el pueblo no había probado pan.
14:25 Y todo el pueblo llegó a un bosque, donde había
miel en la superficie del campo.
14:26 Entró, pues, el pueblo en el bosque, y he aquí
que la miel corría; pero no hubo quien hiciera llegar su mano a
su boca, porque el pueblo temía el juramento.
14:27 Pero Jonatán no había oído cuando su padre
había juramentado al pueblo, y alargó la punta de una vara
que traía en su mano, y la mojó en un panal de miel, y llevó
su mano a la boca; y fueron aclarados sus ojos.
14:28 Entonces habló uno del pueblo, diciendo: Tu padre ha hecho
jurar solemnemente al pueblo, diciendo: Maldito sea el hombre que tome
hoy alimento. Y el pueblo desfallecía.
14:29 Respondió Jonatán: Mi padre ha turbado el país.
Ved ahora cómo han sido aclarados mis ojos, por haber gustado un
poco de esta miel.
14:30 ¿Cuánto más si el pueblo hubiera comido
libremente hoy del botín tomado de sus enemigos? ¿No se habría
hecho ahora mayor estrago entre los filisteos?
14:31 E hirieron aquel día a los filisteos desde Micmas hasta
Ajalón; pero el pueblo estaba muy cansado.
14:32 Y se lanzó el pueblo sobre el botín, y tomaron
ovejas y vacas y becerros, y los degollaron en el suelo; y el pueblo los
comió con sangre.
14:33 Y le dieron aviso a Saúl, diciendo: El pueblo peca contra
Jehová, comiendo la carne con la sangre.     
Y él dijo: Vosotros habéis prevaricado; rodadme ahora acá
una piedra grande.
14:34 Además dijo Saúl: Esparcíos por el pueblo,
y decidles que me traigan cada uno su vaca, y cada cual su oveja, y degolladlas
aquí, y comed; y no pequéis contra Jehová comiendo
la carne con la sangre. Y trajo todo el pueblo cada cual por su mano su
vaca aquella noche, y las degollaron allí.
14:35 Y edificó Saúl altar a Jehová; este altar
fue el primero que edificó a Jehová.
14:36 Y dijo Saúl: Descendamos de noche contra los filisteos,
y los saquearemos hasta la mañana, y no dejaremos de ellos ninguno.
Y ellos dijeron: Haz lo que bien te pareciere. Dijo luego el sacerdote:
Acerquémonos aquí a Dios.
14:37 Y Saúl consultó a Dios: ¿Descenderé
tras los filisteos? ¿Los entregarás en mano de Israel? Mas
Jehová no le dio respuesta aquel día.
14:38 Entonces dijo Saúl: Venid acá todos los principales
del pueblo, y sabed y ved en qué ha consistido este pecado hoy;
14:39 porque vive Jehová que salva a Israel, que aunque fuere
en Jonatán mi hijo, de seguro morirá. Y no hubo en todo el
pueblo quien le respondiese.
14:40 Dijo luego a todo Israel: Vosotros estaréis a un lado,
y yo y Jonatán mi hijo estaremos al otro lado. Y el pueblo respondió
a Saúl: Haz lo que bien te pareciere.
14:41 Entonces dijo Saúl a Jehová Dios de Israel: Da
suerte perfecta. Y la suerte cayó sobre Jonatán y Saúl,
y el pueblo salió libre.
14:42 Y Saúl dijo: Echad suertes entre mí y Jonatán
mi hijo. Y la suerte cayó sobre Jonatán.
14:43 Entonces Saúl dijo a Jonatán: Declárame
lo que has hecho. Y Jonatán se lo declaró y dijo: Ciertamente
gusté un poco de miel con la punta de la vara que traía en
mi mano; ¿y he de morir?
14:44 Y Saúl respondió: Así me haga Dios y aun
me añada, que sin duda morirás, Jonatán.
14:45 Entonces el pueblo dijo a Saúl: ¿Ha de morir Jonatán,
el que ha hecho esta grande salvación en Israel? No será
así. Vive Jehová, que no ha de caer un cabello de su cabeza
en tierra, pues que ha actuado hoy con Dios. Así el pueblo libró
de morir a Jonatán.
14:46 Y Saúl dejó de seguir a los filisteos; y los filisteos
se fueron a su lugar.
14:47 Después de haber tomado posesión del reinado de
Israel, Saúl hizo guerra a todos sus enemigos en derredor: contra
Moab, contra los hijos de Amón, contra Edom, contra los reyes de
Soba, y contra los filisteos; y adondequiera que se volvía, era
vencedor.
14:48 Y reunió un ejército y derrotó a Amalec,
y libró a Israel de mano de los que lo saqueaban.
14:49 Y los hijos de Saúl fueron Jonatán, Isúi
y Malquisúa. Y los nombres de sus dos hijas eran, el de la mayor,
Merab, y el de la menor, Mical.
14:50 Y el nombre de la mujer de Saúl era Ahinoam, hija de Ahimaas.
Y el nombre del general de su ejército era Abner, hijo de Ner tío
de Saúl.
14:51 Porque Cis padre de Saúl, y Ner padre de Abner, fueron
hijos de Abiel.
14:52 Y hubo guerra encarnizada contra los filisteos todo el tiempo
de Saúl; y a todo el que Saúl veía que era hombre
esforzado y apto para combatir, lo juntaba consigo.
Capítulo 15
Saúl desobedece y es desechado
15:1 Después Samuel dijo a Saúl: Jehová me envió
a que te ungiese por rey sobre su pueblo Israel;
ahora, pues, está atento a las palabras de Jehová.
15:2 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo
castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el
camino cuando subía de Egipto.
15:3 Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no
te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los
de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos.
15:4 Saúl, pues, convocó al pueblo y les pasó
revista en Telaim, doscientos mil de a pie, y diez mil hombres de Judá.
15:5 Y viniendo Saúl a la ciudad de Amalec, puso emboscada en
el valle.
15:6 Y dijo Saúl a los ceneos: Idos, apartaos y salid de entre
los de Amalec, para que no os destruya juntamente con ellos; porque vosotros
mostrasteis misericordia a todos los hijos de Israel, cuando subían
de Egipto. Y se apartaron los ceneos de entre los hijos de Amalec.
15:7 Y Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila hasta
llegar a Shur, que está al oriente de Egipto.
15:8 Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, pero a todo el pueblo
mató a filo de espada.
15:9 Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las
ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros
y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir; mas todo lo que era vil
y despreciable destruyeron.
15:10 Y vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo:
15:11 Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto
de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y se apesadumbró
Samuel, y clamó a Jehová toda aquella noche.
15:12 Madrugó luego Samuel para ir a encontrar a Saúl
por la mañana; y fue dado aviso a Samuel, diciendo: Saúl
ha venido a Carmel, y he aquí se levantó un monumento, y
dio la vuelta, y pasó adelante y descendió a Gilgal.
15:13 Vino, pues, Samuel a Saúl, y Saúl le dijo: Bendito
seas tú de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová.
15:14 Samuel entonces dijo: ¿Pues qué balido de ovejas
y bramido de vacas es este que yo oigo con mis oídos?
15:15 Y Saúl respondió: De Amalec los han traído;
porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas,
para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás lo destruimos.
15:16 Entonces dijo Samuel a Saúl: Déjame declararte
lo que Jehová me ha dicho esta noche. Y él le respondió:
Di.
15:17 Y dijo Samuel: Aunque eras pequeño en tus propios ojos,
¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová
te ha ungido por rey sobre Israel?
15:18 Y Jehová te envió en misión y dijo: Ve,
destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes.
15:19 ¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová,
sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová?
15:20 Y Saúl respondió a Samuel: Antes bien he obedecido
la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me
envió, y he traído a Agag rey de Amalec, y he destruido a
los amalecitas.
15:21 Mas el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, las
primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios
en Gilgal.
15:22 Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los
holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de
Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y
el prestar atención que la grosura de los carneros.
15:23 Porque como pecado de adivinación es la rebelión,
y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto
tú desechaste la palabra de Jehová, él también
te ha desechado para que no seas rey.
15:24 Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; pues he quebrantado
el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo
y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado,
15:25 y vuelve conmigo para que adore a Jehová.
15:26 Y Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo;
porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado
para que no seas rey sobre Israel.
15:27 Y volviéndose Samuel para irse, él se asió
de la punta de su manto, y éste se rasgó.
15:28 Entonces Samuel le dijo: Jehová ha rasgado hoy de ti el
reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que tú.
15:29 Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá,
ni se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta.
15:30 Y él dijo: Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante
de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vuelvas conmigo para
que adore a Jehová tu Dios.
15:31 Y volvió Samuel tras Saúl, y adoró Saúl
a Jehová.
15:32 Después dijo Samuel: Traedme a Agag rey de Amalec. Y Agag
vino a él alegremente. Y dijo Agag: Ciertamente ya pasó la
amargura de la muerte.
15:33 Y Samuel dijo: Como tu espada dejó a las mujeres sin hijos,
así tu madre será sin hijo entre las mujeres. Entonces Samuel
cortó en pedazos a Agag delante de Jehová en Gilgal.
15:34 Se fue luego Samuel a Ramá, y Saúl subió
a su casa en Gabaa de Saúl.
15:35 Y nunca después vio Samuel a Saúl en toda su vida;
y Samuel lloraba a Saúl; y Jehová se arrepentía de
haber puesto a Saúl por rey sobre Israel.
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