MIRAR QUIÉN ESTÁ EN MÍ
Hay momentos en nuestra vida en los que la misión que Dios pone delante de nosotros parece demasiado grande.
Pero Dios nos enseña a cambiar nuestra mirada.
Hay momentos en nuestra vida en los que la misión que Dios pone delante de nosotros parece demasiado grande.
Pero Dios nos enseña a cambiar nuestra mirada.
Moisés recibió una misión que parecía imposible: liberar a Israel de Egipto.
Pero Dios quería enseñarle:
La respuesta de Dios no fue: “Porque eres suficientemente fuerte.”
No fue: “Porque tienes todos los recursos.”
“Yo no puedo” → Dios puede.
“No tengo recursos” → Dios es el proveedor.
“No sé cómo hacerlo” → Dios puede dirigir mis pasos.
Abraham recibió una palabra de Dios que exigía fe.
Dios no le mostró todo el mapa.
Abraham no tenía todas las respuestas, pero tenía una palabra y una relación con Dios.
A veces significa dar el siguiente paso porque sabes quién te llamó.
Gedeón estaba escondido.
Dios redujo el ejército para que Israel no pudiera decir:
Ella escuchaba a Dios y actuaba conforme a su dirección.
“SEÑOR, AQUÍ ESTOY. ÚSAME.”
Rut no aparece realizando grandes milagros. Vemos algo aparentemente sencillo: fidelidad.
Rut decidió caminar con Dios en medio de incertidumbre.
No sabía todo lo que Dios iba a hacer, pero fue fiel.
No podemos decir: “Dios me dio poder, entonces puedo vivir como quiera.”
El poder debe ir acompañado de: obediencia, carácter y dependencia de Dios.
Sanaba. Liberaba. Restauraba. Predicaba. Perdonaba. Daba esperanza. Traía libertad a los oprimidos.
Pedro negó a Jesús. Pedro tuvo miedo. Pedro era impulsivo.
El mismo hombre que tuvo miedo ahora estaba delante de una multitud proclamando a Cristo.
Pablo tenía una misión gigantesca: predicar el Evangelio a las naciones.
Pablo no quería que la gente dependiera de su personalidad. Quería que vieran a Cristo.
Quizá Dios te está llamando a algo que parece demasiado grande.
Una familia que necesita restauración.
Una persona atrapada en una vida de pecado.
Un joven que necesita esperanza.
Una iglesia que necesita despertar.
Una comunidad que necesita escuchar el Evangelio.
Una persona que necesita oración por sanidad.
Una vida que necesita libertad.
Nosotros oramos. Jesús sana.
Nosotros proclamamos. Jesús libera.
Deja de mirar:
“Soy pequeño.”
“Soy demasiado viejo.”
“Soy demasiado joven.”
“No tengo dinero.”
“No tengo preparación.”
“No tengo gente.”
“No tengo recursos.”
“No tengo experiencia.”
Invita a la iglesia a cerrar sus ojos.
No poner ahora los ojos en el problema.
No mirar el pasado.
No mirar el diagnóstico.
No mirar la imposibilidad.
No mirar nuestras limitaciones.
Moisés dijo: “¿Quién soy yo?”
Dios respondió: “Yo estaré contigo.”
Gedeón dijo: “Mi familia es pobre y yo soy el menor.”
Dios respondió: “Ciertamente yo estaré contigo.”
Abraham no sabía a dónde iba. Pero sabía quién lo había llamado.
Rut no conocía todo su futuro. Pero decidió permanecer fiel.
Sansón experimentó el poder del Espíritu.
Débora se levantó para cumplir su propósito.
Pedro pasó del miedo a la valentía por el Espíritu Santo.
Pablo declaró: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí.”
Y Jesús mismo ministró en el poder del Espíritu Santo.
Baja las luces.
Deja un momento de silencio después de la segunda canción.
Lee Hechos 1:8.
Nota pastoral: Para mantener la ministración bíblicamente centrada, en sanidad y liberación conviene evitar prometer que toda persona será físicamente sanada de inmediato; se ora con fe, se ministra con compasión y se deja el resultado en las manos soberanas de Dios.